“No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, y manana te daré, cuando tienes contigo qué darle”. Pr. 3:27-28
Estos versículos hablan por ellos mismos, no hay nada que abundar. Pero de todas formas quiero ponerte a pensar. ¿Cuántas veces has ido a orar por una persona necesitada, y teniendo tú la solución al problema simplemente oras y te despides de él y lo dejas con el problema?. Si este no es tu caso, puedes seguir leyendo para edificarte. Si es tu caso, entonces reflexiona.
Una de las cosas más lindas que he podido ver entre los seres humanos es la ayuda los unos entre los otros. Companeros de trabajo realizan colectas cuando alguien enferma, se le quema la casa, le roban, etc. Naciones se extienden la mano las unas a las otras en momentos de catastrofe. No obstante a esto, existen personas con ideologías personales que los ayudan a tener una excusa para no cooperar con un necesitado. Si usted es de este grupo, amigo lector, reflexione.
No dejemos de extender la mano a aquel quien la necesita. Lc. 6:38 dice “Dad, y se os dará; medida buena, apartada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo…”. Dar es mejor que recibir. Cuando damos, se nos devuelve una gran recompensa de alguna u otra forma, y a su tiempo.











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